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ACTITUDES PARA EL FOMENTO DE LA PARTICIPACIÓN JUVENIL

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El Perfil del animador juvenil

Podemos definir como animador juvenil a aquella persona que desea contribuir con su esfuerzo y dedicación a mejorar sensiblemente las condiciones sociales, políticas, culturales o económicas de la juventud de su entorno más inmediato, involucrando a otros en el proceso.

El impulso que debe guiar esta labor, por lo general, no se corresponderá con ningún tipo de interés económico o de búsqueda de contrapartidas, sino más bien en un espíritu de altruismo y conciencia social que persiga un mundo mejor bajo el axioma, “piensa globalmente, pero actúa localmente”, es decir, siendo perfectamente conscientes de que el conjunto de pequeñas aportaciones que se puedan llevar a cabo en un ámbito de actuación limitado puede desembocar en un estado de conciencia colectiva que conlleve un cambio de actitudes que llegue a influir en aquellos con capacidad global de decisión a la hora de propiciar cambios más importantes.

El animador juvenil se convierte, por tanto en un soñador y perseguidor de utopías. Es por ello que contará con un alto grado de motivación y una predisposición positiva hacia la difícil labor que le espera.

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La definición de animador juvenil, desde el punto de vista de su función a desempeñar, será la de un joven con capacidad para propiciar el funcionamiento óptimo de una asociación juvenil, consejo local de juventud o concejalía de juventud. Esto no implica necesariamente que deba desempeñar exclusivamente el papel de máximo responsable de dicha entidad, sino que por encima de todo se convierta en un activo indispensable dentro de dicha entidad, pudiendo llegar a desempeñar dos tipos diferentes de tareas, igualmente importantes:

• Tareas de contacto directo con la realidad social con la que se encuentra implicada la entidad juvenil a la que pertenece (puesta en práctica de proyectos sociales, voluntariado en cualquiera de sus vertientes…)

• Tareas relacionadas con el apoyo, coordinación, animación, administración y formación a otros jóvenes (incluye a todos los presidentes de entidades, administradores de las mismas, secretarios, tesoreros…), formadores, responsables de consejos de juventud, concejales, etc.

Aunque se establece una diferencia entre las tareas a desempeñar, de ninguna manera debe crearse ningún tipo de diferenciación de nivel ni de grado jerárquico.

La descripción del animador juvenil viene marcada por su forma de ser y de actuar además de por la motivación manifestada.

En resumen, el animador juvenil es una persona…

… que por su forma de ser, su escala de valores y sus relaciones socioafectivas, demuestre asumir un compromiso personal en la línea marcada con el cambio de su entorno, actuando de forma madura y siendo ejemplo constante para cuantos le rodean.

… que tenga una disposición y tiempo necesarios para trabajar al servicio del colectivo juvenil.

… que posea la competencia y cualificación necesaria para comprender el alcance de su función, desarrollar correctamente su tarea y desempeñar de forma responsable procesos de planificación, coordinación, delegación, ejecución, evaluación y trabajo en equipo.

… que esté dispuesto a actualizar asiduamente sus conocimientos y formación, tanto de cara a la tarea que desempeña como a su propio crecimiento personal.

El perfil del animador juvenil lo construimos a partir de un conocimiento de sus funciones básicas, de sus características genéricas y de sus responsabilidades.


Funciones básicas

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Podemos contemplar las funciones básicas, que de forma genérica, cualquier animador juvenil ejerce en su respectivo campo de actuación:

√ Relación de ayuda personal con sus compañeros, empatía, análisis de las propias vivencias…

√ Relación reeducativa para restablecer el equilibrio emocional, la aceptación de sí mismo, el desbloqueo del desarrollo personal…

√ Relación con personas y grupos: crear tejido social en la comunidad, ser catalizador y vía de convergencia…

√ Promoción de actividades: promover iniciativas personales y colectivas, ayudar a la organización de las mismas, ayudar técnicamente a su difusión y realización…

√ Organización de la vida cotidiana: ayudar a organizar el espacio, a satisfacer las necesidades, a establecer un marco regulador de la cotidianidad…

√ Aprendizaje de actitudes, contenidos y habilidades: ayudar a la adquisición de actitudes, conocimientos conceptuales y técnicos, a ponerlos en práctica en las situaciones vitales, al entrenamiento en destrezas y habilidades…

√ Animación de grupos: ayudando tanto a configurar la organización formal del grupo como a favorecer la interacción de sus miembros…

√ Información y asesoramiento: dar información sobre iniciativas, recursos, asesorar sobre determinadas situaciones…

√ Relación con instituciones y colectivos: favorecer sistemas de coordinación y cooperación…


Características genéricas:

Entendemos que el animador juvenil ha de venir configurado por:

- Una madurez y equilibrio personal.
- Una capacidad creativa.
- Una motivación fundamental, basada en opciones profundas y asumidas.
- Una competencia interpersonal para establecer relaciones auténticas, positivas y funcionales con los otros.
- Un saber dar ejemplo.


Responsabilidades

El animador juvenil asumirá su responsabilidad con respecto:

- A sus compañeros, considerados individualmente: cuando trabaja en equipo, el responsable actúa como modelo de una función. Por eso debe conocer las habilidades de su campo de actuación y ser capaz de utilizarlas correctamente. La influencia de los responsables afecta al desarrollo de las relaciones interpersonales.

- A la sociedad: Es responsable en su relación con la sociedad (instituciones, colectivos, etc.) sabiendo que representa a su organización.

- Así mismo: El joven es responsable de su propia formación y de su propio desarrollo personal.

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Al igual que se ha establecido un perfil básico, común para todo animador juvenil, todos los responsables deberán completarse con las siguientes funciones genéricas:

- Preocuparse por involucrar a nuevos jóvenes en el mundo asociativo.

- Contribuir a formar personas para que ocupen las funciones en el momento en el que el actual responsable deba dejarlas (siempre respetando las normas estatutarias y reglamentarias que rigen la vida asociativa).

Por lo que respecta a su personalidad deberá favorecer la aparición de aptitudes y actitudes, así como disponer de los necesarios conocimientos que le conviertan en un auténtico líder dentro del colectivo con el que desempeñará su labor:

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Conocimientos:

- Funcionamiento y organización de una asociación juvenil o consejo de juventud.
- La gestión de la administración en cuanto a políticas de juventud.
- Planificación de actividades, elaboración de planes estratégicos.
- Conocimiento de la realidad de su entidad y su entorno social.
- Procedimientos administrativos (certificaciones, nominaciones, altas, bajas, etc.).
- Tipos de seguros.
- Conocimientos informáticos a nivel de usuario.
- Conocimiento de tramitación y gestión de asuntos de la entidad ante organismos oficiales.
- Conocimientos de coordinación y organización de personal.
- Administración, contabilidad y finanzas de la asociación.
- Elaboración de presupuestos.
- Consolidación de balances y cuentas.
- Justificación de subvenciones.
- Conocimiento de la oferta de subvenciones públicas y privadas a las que puede optar la entidad.
- Conocimiento de la oferta de becas institucionales.
- Técnicas de dinámicas de grupo.
- Técnicas de habilidades sociales.

Aptitudes:

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- Capacidad de análisis y síntesis.
- Capacidad para la comunicación.
- Capacidad para la resolución de problemas y conflictos.
- Capacidad para el liderazgo entre adultos.
- Capacidad para gestionar el grupo.
- Capacidad para delegar y coordinar grupos de trabajo.
- Capacidad empática.
- Capacidad de escucha.

Actitudes:

- Vocación y capacidad de compromiso.
- Vive y siente lo que hace.
- Actitud para motivar.
- Carácter alegre y optimista.
- Interés por la autoformación y su desarrollo personal.
- Actitud de autoevaluación.
- Responsabilidad.
- Favorecedor del trabajo en equipo.

Habilidades Sociales:

Las habilidades sociales son el conjunto de capacidades que nos llevarán a realizar conductas eficaces en situaciones entre personas con el objetivo de obtener una respuesta positiva de los demás.

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Las habilidades sociales persiguen dos objetivos principales:

- Afectivo:

permiten la obtención de consecuencias gratificantes y de relaciones sociales satisfactorias, ya que se basan en la consecución de intereses mutuos. Suponen la capacidad de las necesidades y expectativas de los otros y tener la disposición para satisfacerlas, especialmente las referidas a la aprobación social.

- Instrumental:

Contribuyen al éxito en las tareas acometidas dotando a aquel que las aplica de enorme poder e influencia sobre el resto; resultando a menudo más eficaces que la brillantez académica.

Las habilidades sociales ejercen su influencia en cuatro planos de la conducta:

- En nuestros pensamientos.
- En nuestros sentimientos.
- En nuestra comunicación verbal.
- En nuestras acciones.

Las habilidades sociales se pueden mejorar mediante su práctica. El entrenamiento mejora las habilidades. Esta mejora proporciona satisfacción, y esta satisfacción redunda en un aumento de la frecuencia de las conductas interpersonales, que a su vez sirve de entrenamiento, cerrándose así un círculo que acaba por mecanizar las estrategias aprendidas, convirtiéndolas en hábitos de conducta consolidados. Por el contrario, la falta de habilidades sociales afecta negativamente a la autoestima, engendrando ansiedad, falta de confianza e inhibición social, formando un círculo cerrado generador de malestar.

Algunas clases de habilidades sociales indispensables para trabajar en grupo son:

- La asertividad:

es una forma de expresión clara, directa, equilibrada y madura cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar a nadie (agresividad), ni de someterse a la voluntad de otras personas (pasividad).

- La capacidad de comunicación:

es un proceso de transmisión, de una hacia otra o varias personas, de estímulos sensoriales con contenido explícito o implícito con el fin de informar, motivar o influir. Dentro del proceso de comunicación cobra especial importancia la llamada “escucha activa” como la capacidad para reflejar y devolver, verazmente y en su totalidad, el mensaje del otro, y con ello demostrar que se le ha escuchado.

- La empatía:

describe la capacidad de una persona de vivenciar la manera en que siente otra persona; de tal manera que eso llevará a una mejor comprensión de su comportamiento o de su forma de tomar decisiones. Es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales.

- La capacidad de motivar:

son los estímulos que mueven a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación. Más adelante volveremos sobre este término más detenidamente.

- La inteligencia emocional:

capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos orientando nuestra conducta y la capacidad de discernir y responder adecuadamente a los estados de ánimo, temperamento, motivaciones y deseos de los demás.

- La agilidad mental:

es la capacidad del individuo para tomar rápida y eficazmente decisiones, sobre todo en un contexto que propicia situaciones imprevistas.

- El control de los impulsos: indica el dominio que una persona puede tener de sus reacciones, sentimientos e impulsos a través de una determinación voluntaria para poder hacerlos surgir o crecer, mantener o someter según su libre decisión

- La autoconciencia:

es la capacidad mediante la cual se toma conciencia te de todo cuanto nos rodea interiormente, basándonos en lo que pensamos y actuamos, además del aprendizaje de vivencias pasadas. Es la mejor manera de conocerse a si mismos. Nos permite reconocer nuestros propios valores, la autoestima, inteligencia, sabiduría y todas las virtudes que tenemos como seres humanos.

- La perseverancia:

es aquello que se está propuesto a alcanzar, en momentos que uno decide llegar a un final definido por él mismo. Comienza con una decisión que se gesta en el intelecto, realizando a partir de ese momento una serie de acciones hasta alcanzarla.

Sabiendo ejercer de una manera competente este tipo de cualidades obtendremos los siguientes resultados:

- Asumiremos un liderazgo sobre el grupo.
- Nos convertiremos en catalizadores del cambio.
- Sabremos manejar los conflictos que surjan con eficacia.
- Sabremos poner en práctica técnicas de colaboración y cooperación.
- Ejerceremos influencia positiva sobre el resto.
- Mejoraremos las formas de comunicación.
- Desarrollaremos la capacidad de trabajar en grupo.

Motivación

La palabra “motivación” deriva del vocablo latino “movere” cuyo significado es “mover”. Se trata del “impulso que inicia, guía y mantiene el comportamiento, hasta alcanzar la meta u objeto deseado”. Este proceso supone un estado de satisfacción para la persona que lo realiza.

En el caso de las organizaciones juveniles, dicho impulso debe ser orientado en un sentido positivo a la consecución del fin social que se persigue.

El empleo de la motivación por parte de los animadores juveniles es esencial a la hora de dinamizar un colectivo, por diversas razones:
- Una persona motivada trabajará con mayor rapidez y más eficazmente mejorando así el resultado final. Si una persona se encuentra preparada para llevar a cabo una tarea y no la realiza satisfactoriamente es muy probable que se deba a un problema de desmotivación.

- La motivación se traslada a los demás miembros del grupo a través del efecto contagio, creando así un buen ambiente de cordialidad y alegría que incitará además a colaborar más activamente, implicarse e incluso a formar parte del proyecto a observadores externos.

- Por un interés sincero por las personas con las que trabajamos que nos haga preocuparnos por sus problemas, dificultades, alegrías… En definitiva, es una apuesta por la tolerancia, la comprensión y el desarrollo de la persona, valores que deben guiar parte de nuestra labor.

Para poder llevar a cabo esta función motivadora debemos conocer en primer lugar qué impulsos e intereses mueven a las personas con las que estamos trabajado para poder ayudarlas así en su proceso de seguimiento y desarrollo personal. En segundo lugar debemos conocer las técnicas y disponer de las herramientas necesarias para canalizar estas inquietudes para cumplir con la meta marcada.

A la hora de realizar una clasificación de los diferentes tipos de motivación, ésta la realizaremos en función del fin subjetivo que persiga el individuo. La motivación, por tanto puede clasificarse en tres grandes grupos:

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- Motivación extrínseca:

es aquella que se realiza esperando obtener alguna clase de satisfacción de tipo material, es decir, buscando conseguir una recompensa o evitando un castigo. Este tipo de contraprestación no tiene que traducirse necesariamente en la obtención de dinero, sino que también puede aspirar a la concesión de regalos, ascensos, recursos, reconocimientos públicos, aplausos, o el deseo de evitar castigos, gastos, problemas…

- Motivación intrínseca:

busca el mero placer interno que produce el desarrollo del trabajo. Su único objetivo es el de hacernos sentir bien interiormente. Como ejemplos de este tipo de motivación pueden estar los gustos personales, la vocación de servicio, el gusto por el trabajo bien hecho, el interés por no traicionar la confianza depositada, etc.

- Motivación trascendente:

Busca realizar un trabajo de manera altruista sin que exista ningún tipo de interés personal, sino más bien un interés por lo colectivo. Se encuentra estrechamente relacionado con los valores más íntimos de la persona. Como ejemplos que pueden guiar este tipo de motivación estarían: la construcción de un mundo mejor, el amor, el combate a las injusticias…

En un trabajo continuado y a largo plazo en el plano del voluntariado será raro que no se entremezclen las diferentes motivaciones en la misma persona.

En una organización de voluntariado, las motivaciones trascendentes deben estar presentes y ser muy importantes aunque no lo sean todo. Hay muy pocas personas que son capaces de desarrollar este tipo de motivación de una forma pura, ya que todos siempre esperan un cierto grado de reconocimiento a su trabajo (motivación extrínseca) y muchos además lo hacen simplemente porque les gusta (motivación intrínseca).

El animador juvenil a la hora de trabajar con un equipo de voluntarios deberá saber dosificar los estímulos y recursos a la hora de satisfacer las diferentes motivaciones que pueda tener cada uno:

Herramientas que podemos ofrecer como animadores para potenciar la motivación extrínseca:

- Facilitar información

, mejorando los cauces de información del grupo con cada individuo.

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- Promover la formación

de los voluntarios, ofreciendo los medios necesarios para capacitar a los integrantes del grupo para su función dentro del mismo.

- Realizar evaluaciones personales

, creando fichas de evaluación de cada integrante del grupo por parte de los demás, incidiendo especialmente en los aspectos positivos de su labor.

- Reconocimiento al trabajo

, acostumbrando al equipo a agradecer las cosas que se hacen poniendo especial hincapié en el esfuerzo realizado más que en el resultado.

- Dar recompensas

, estableciendo la concesión de alguna recompensa material (detalle, placa, recuerdo…) para agradecer la dedicación y el esfuerzo ante actividades concretas o a una labor continuada.

- Ofrecer contactos

, desarrollando actividades en red con otras organizaciones afines en los que se propicien las relaciones personales e intercambios.

- Contar con recursos como por ejemplo bibliografía

, local donde realizar las reuniones, material de actividades, medios económicos…

Para potenciar la motivación intrínseca:

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- Ofrecer confianza

, impidiendo el cuestionamiento de nadie sin tener suficiente información y mostrándose, ante todo, digno de confianza.

- Dar autonomía en el trabajo, practicando la delegación de tareas y controlando que recaiga sobre todos y no sobre unos pocos, así como favoreciendo la creatividad y la imaginación.

- Asunción de responsabilidades

, ofreciendo puestos de responsabilidad en función de la experiencia demostrada.

- Capacidad de decisión

, respetando las decisiones tomadas por cada uno en el desempeño de su cargo o función dentro del grupo y buscando el consenso en las grandes cuestiones.

- Crear espacios de participación

, fomentando la disciplina democrática, respetando, aunque no estemos de acuerdo o no nos guste, que lo que decidamos, se haya decidido entre todos.

- Potenciar la amistad

, llevando a cabo actividades de tipo lúdico y festivo para todos juntos, de forma que se fomente el conocimiento interpersonal y las relaciones entre los que menos se conocen.

- Apoyo en problemas personales

, aplicando la escucha activa, interesarse frecuentemente por los demás (trabajo, familia, pareja…)

- Tener plena conciencia de los problemas

, articulando mecanismos para conocer los posibles problemas y riesgos que pueden afectar al grupo, evitando el pesimismo y la desinformación.

- Plantear retos y desafíos

, poniendo en práctica proyectos de eventos especiales, de acuerdo con nuestras posibilidades.

Para potenciar la motivación trascendente:

- Encontrar el sentido a lo que se hace

, interiorizando los fines de nuestra organización y fomentando el sentido de lo esencial.

- Orgullo de pertenencia

, colaborando con otras asociaciones, el barrio, instituciones… y valorando nuestra forma de hacer las cosas sin desmerecer el trabajo de las demás.

El proceso motivador debe encontrarse apoyado por otros elementos que, aunque no provocan la motivación por sí mismos, pueden llegar a potenciarla:

- El respeto.
- El afecto.
- La alegría.
- La curiosidad.
- La ilusión.
- La pasión.

Liderazgo

El liderazgo es el proceso mediante el cual, de manera continua, un individuo ejerce más influencia que otros en el desarrollo de las funciones grupales. No se trata, pues, de influencias ocasionales o esporádicas, ni de influencias ligadas al ejercicio de una tarea grupal concreta. Se trata de una influencia permanente, que tiene un referente colectivo ya que se dirige a un número relativamente amplio de personas y durante un tiempo considerable.

Según la definición de Ricardo Jiménez Aguado: “El líder enfrenta el reto cotidiano de desarrollar habilidades para conducir el cambio y a la vez influir en su rumbo, dirección y amplitud. Algunos lo han logrado, otros, simplemente lo han dejado pasar y otros ahora ocupan el lugar. Los líderes son pioneros por naturaleza, se atreven a salir de lo convencional y buscan nuevas formas de hacer las cosas. Esta práctica la realizan mediante dos compromisos: la búsqueda de oportunidades y la toma de decisiones.”

El primer paso para convertirse en líder de una manera efectiva es aprendiendo a generar la habilidad para dirigir su propio avance, ya que un verdadero líder es quien comienza a perfeccionarse en la práctica de las virtudes humanas. Con su ejemplo estará marcando la pauta para que otros a su vez busquen desarrollarse y desempeñarse de una manera integral.

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Como aspecto primordial, el líder de cualquier colectivo, debe estar comprometido con el reto de incrementar el valor o la importancia de su propia organización.
Es importante la comunicación para lograr un ejercicio eficiente del liderazgo y en consecuencia ayudar al cambio cultural en la organización. La comunicación es un elemento esencial para la vida de las organizaciones.

Algunas de las capacidades más importantes del liderazgo fueron establecidas por Henry Mintzberg en 1973:

- Capacidad de establecer y mantener una red de contactos con otros líderes de organizaciones y de establecer ligaduras en el seno del grupo.

- Capacidad de ser sociable con los compañeros y saber afrontar las complicaciones propias de la autoridad, la responsabilidad y la dependencia.

- Capacidad de mediar en el conflicto, de trabajar con perturbaciones de tensión psicológica, de ser aceptado y de controlar presiones internas y externas al grupo.

- Capacidad de construir redes, de extrapolar información estratégica y validar información, de diseminar eficazmente la información.

- Capacidad de descubrir problemas y soluciones cuando las alternativas, la información y los objetivos son ambiguos.

- Capacidad de decidir entre usos alternativos del tiempo y de otros recursos organizativos escasos.

- Capacidad de asumir riesgos sensatos, aplicar innovaciones y la voluntad de tener éxito.

- Capacidad de comprender la posición en la que se encuentra y su impacto en la organización.
Un animador juvenil en su rol de líder de un colectivo de jóvenes debe procurar conocer siempre:

- Cómo animar al resto de su equipo para que acepten sus propuestas y sus decisiones.

- Cómo obtener credibilidad como una fuente legítima de autoridad para las iniciativas.

- Cómo salir adelante de las confrontaciones en las que se ignora o discuten las decisiones acordadas.

- Cómo mantener una ejemplaridad ante el resto de compañeros.

Así, podemos apuntar las siguientes características que deben darse siempre en el líder juvenil:

- Capacidad, debiendo mostrar una habilidad teórica y organizativa que le haga destacar sobre el resto. Debe acreditar sus habilidades y conocimientos para obtener su posición.

- Credibilidad ya que se espera que el verdadero líder conozca las “reglas del juego”, las normas, expectativas y valores del grupo para que lo supervise. Saber las normas significa tener la facultad para comunicar eficazmente.

- Representación, teniendo que saber manejarse con desenvoltura y destreza en las relaciones externas e institucionales.

- Perseverancia y práctica, entendiendo por esto una simple repetición de acciones, una claridad de dirección: tener la facultad de continuar preguntando, hablando y explicando.

- Impulso, siendo el primero en tomar la iniciativa, en levantar los ánimos del grupo cuando éste se encuentre en sus momentos más bajos; en saber transmitir ilusión, mediante las técnicas antes descritas de la motivación. En definitiva, se convierte en un auténtico motor que impulsa la máquina en busca de la consecución de los objetivos planteados.

Existen múltiples clasificaciones de líderes y tipos de liderazgo. Podemos encontrar líderes tradicionales (los que heredan el poder por costumbre), líderes legítimos o ilegítimos (en función de la forma en que hayan adquirido el poder), líderes carismáticos (aquellos que son capaces de de generar entusiasmo), etc.

En función de la relación del líder y del resto de compañeros nos encontraremos tres grupos fundamentales aunque con diferentes variaciones y matices:

- Liderazgo autoritario

: el líder es el único en el grupo que toma decisiones acerca del trabajo y la organización del mismo, sin tener que justificarla en ningún momento. Sus compañeros desconocen tanto los objetivos marcados como los criterios de evaluación. La comunicación es unidireccional entre el líder y el resto del grupo.

- Liderazgo laissez faire:

El rol del líder respecto al grupo es pasivo, abandonando el ejercicio del poder en el resto. No emite juicios de valor sobre las actuaciones del resto de compañeros, ni evalúa sus aportaciones. Los miembros del grupo gozan de total libertad y sólo cuenta con el apoyo del líder cuando se lo solicitan.

- Liderazgo democrático:

El líder toma la decisión después de haber potenciado la discusión en el grupo, valorando y agradeciendo todas las opiniones manifestadas. Los objetivos planteados, así como los criterios evaluativos son explícitos y claros. Se anima la participación de todo el grupo en la toma de decisiones.